El Sistema Inmunitario y su Relación con la Enfermedad Reumática

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Datos Importantes

  • Cuando nuestro sistema inmunitario se confunde, puede atacar por error a los tejidos normales y provocar daños y enfermedades.
  • La herencia genética y los factores ambientales, tales como el cigarrillo, pueden aumentar el riesgo del paciente de desarrollar una enfermedad autoinmunitaria.
  • Las enfermedades autoinmunitarias podrían ser difíciles de diagnosticar, y las opciones de tratamiento son muy complicadas. El reumatólogo está específicamente capacitado para el diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades.
  • Los nuevos medicamentos biológicos apuntan específicamente a partes del sistema inmunitario para detener o suprimir la inflamación que provoca los daños.
  • Los pacientes tratados con nuevas terapias biológicas deben ser cuidadosamente controlados para detectar posibles eventos adversos, a fin de lograr un resultado positivo.

Nuestro sistema inmunitario es una asombrosa red de células que funciona desde niveles muy básicos hasta altamente complejos. El objetivo de este sistema es protegernos de nuestro entorno y observar cualquier daño incipiente en nuestras propias células. Sin embargo, algunas veces el sistema inmunitario se descontrola y confunde las señales. En estos casos, nuestras defensas no reconocen nuestro propio cuerpo y “atacan” a las células. Esto causa enfermedades llamadas autoinmunitarias, por ejemplo, artritis reumatoide (inflamación de las articulaciones), lupus eritematoso sistémico (comúnmente denominado “lupus”, que es una enfermedad inflamatoria del tejido conjuntivo) y vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos).

¿Qué es el sistema inmunitario?

El sistema inmunitario nos permite identificar y destruir invasores extraños (bacterias, virus, hongos, etc.), y analizar nuestras propias células para evitar que crezcan de manera incontrolable (cáncer y otros trastornos). Es asombrosa su complejidad y capacidad para protegernos.

Puede dividirse en dos componentes: el sistema inmunitario innato (con el que se nace) y el adaptativo (desarrollado a lo largo de la vida). El componente innato es la primera línea de defensa. Reacciona muy rápidamente para combatir a los “invasores extraños” como virus y bacterias, y para identificar células dañadas. En términos evolutivos, ha estado presente durante miles de años. Las células del sistema inmunitario innato intentan destruir a los invasores extraños atacándolos y liberando moléculas tóxicas. También envía otras señales para reclutar más células inflamatorias con el objetivo de que se unan al combate.

El componente adaptativo actúa más lentamente; tarda varios días en activar las células T y B y en crear anticuerpos para combatir a los invasores extraños. Se desarrolla a medida que envejecemos y está conformado por vacunas. El sistema inmunitario adaptativo también produce anticuerpos que recuerdan al invasor extraño, a fin de poder reconocerlo más rápidamente en el futuro.

Sin embargo, en algunas ocasiones, el sistema inmunitario se confunde. No puede distinguir un “invasor extraño” de su propio tejido. Por error, dirige la inflamación contra su propio tejido y provoca daños y enfermedades. Este daño puede producirse en articulaciones, músculos, vasos sanguíneos, riñones; prácticamente en cualquier tejido del cuerpo. Las enfermedades provocadas por este tipo de daño se denominan autoinmunitarias. Algunas son artritis reumatoide, lupus sistémico y vasculitis, entre otras.

¿Qué provoca el cambio?

No está del todo claro por qué sucede esto. En algunas enfermedades, los vasos sanguíneos son espectadores inocentes. Mientras nuestros cuerpos pelean contra un virus (por ejemplo, la hepatitis C), formamos anticuerpos. Juntos, los anticuerpos y antígenos se acumulan en los vasos sanguíneos y generan una inflamación. Esto produce una enfermedad inflamatoria, y su alcance depende del lugar y la cantidad de vasos sanguíneos involucrados.

Los pacientes con un marcador genético llamado HLA-DR4 poseen un mayor riesgo de desarrollar artritis reumatoide. Esto es un análisis de sangre, pero no se realiza de manera habitual, dado que puede no ser específico. Algunos pacientes tienen este marcador genético pero nunca padecen artritis reumatoide. Hemos aprendido mediante varias investigaciones que la genética es solo una parte de la historia. Los estímulos ambientales (como virus y el tabaquismo) también pueden influir sobre el sistema inmunitario para que reaccione de distintas maneras, provocando enfermedades en lugar de proteger su cuerpo. Por lo general, es necesario que se combinen el contexto genético adecuado y los estímulos ambientales para conducir al sistema inmunitario a un estado de enfermedad.

Se producen procesos similares en el lupus eritematoso sistémico. El contexto genético y ciertas exposiciones ambientales crean una situación en la cual ese paciente posee un mayor riesgo de padecer alguna de estas enfermedades.

¿Cómo se diagnostican las enfermedades autoinmunitarias?

Estas enfermedades pueden ser muy difíciles de diagnosticar, y debe elegirse cuidadosamente el tratamiento correcto para la enfermedad correcta en el momento preciso. Cada diagnóstico requiere una historia clínica completa, un examen físico y, a menudo, muchos análisis de laboratorio. Si el paciente tiene vasculitis, podría ser necesaria una biopsia de piel o de otro sistema del cuerpo.

Si se requiere tratamiento, los medicamentos podrían ser corticoesteroides como cortisona, al igual que otros medicamentos, como metotrexato. Estos medicamentos inhiben al sistema inmunitario, por lo cual es esencial un control cuidadoso de los efectos secundarios. Solo un médico experimentado el manejo de estos medicamentos y enfermedades debería supervisar el tratamiento.

Antes del diagnóstico, el médico revisará la historia clínica, incluso la de cualquier miembro de la familia con una enfermedad autoinmunitaria, el examen físico y los resultados de exámenes médicos tales como análisis de sangre. Probablemente derive al paciente a un reumatólogo.

¿Cómo se tratan las enfermedades autoinmunitarias?

El componente clave de todas estas enfermedades involucra a nuestro propio sistema inmunitario, el cual contribuye con la enfermedad. Por ello, el tratamiento para nuestro sistema inmunitario puede aliviar las enfermedades.

Las nuevas terapias biológicas están dirigidas a las pequeñas moléculas que organizan nuestra propia respuesta inmunitaria. Estas drogas son inhibidores del factor de necrosis tumoral (TNF), de IL-6, de la interacción de las células T y B, etc.

Al usar una terapia dirigida específicamente a mensajeros específicos, podemos cambiar nuestra respuesta inmunitaria, tanto para bien como para mal. Cualquier cambio en el sistema inmunitario podría controlar la enfermedad, pero también podría someternos a diferentes riesgos, como una infección que debe ser controlada por su reumatólogo.

Actualizado en junio de 2015 por Jennifer Murphy, MD. Escrito por Erika Heidi Noss, MD, PhD y Jonathan Scott Coblyn, MD. Revisado por la Comisión de Marketing y Comunicaciones del Colegio Estadounidense de Reumatología. La presente información se proporciona con el único fin de brindar educación general. Para el asesoramiento médico profesional, el diagnóstico y el tratamiento de afecciones médicas o de salud, consulte a un proveedor de atención médica calificado.

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